28 de junio de 2008

Capítulo 9. Aniversario.

Cuando no puede generar endorfinas naturales el hombre justo recurre a las pipas de calabaza.

Tras varios meses de abstinencia el sexo acaba pareciendo un acto sucio, malintencionado y sólo entendible en personas de escaso gusto y dudosa responsabilidad. Eso es la parte mala, la buena es que te deja tiempo para pensar y escribir poesía. Dijo el poeta Derek Carmichael que nunca entendió porque los ratones giran y giran en sus ruedas en lugar de quedarse en el suelo a comer pipas.

- Y, ¿qué poeta es ese?

- Es un ser ficticio que no existe y que uso para atribuirle las frases que se me ocurren pero que no acaban de convencerme.

También es muy útil si quieres plagiar a alguien y no sentirte responsable, y es que ¿quién no lleva un poeta dentro con nombre de Lord inglés?

Desde que le comenté a mi psiquiatra que escribó poesía con pseudónimo insiste en que le permita hojear algunos versos. De momento se lo niego, deberá bastarle con poder usar mis citas menos brillantes. Yo no creo que se pueda conocer a nadie por lo que escribe, si acaso se puede saber que le gustaría ser, así que no quiero que sus juicios sobre mi se enturbien de mis fantasias más mediocres y mundanas. Se conoce a la gente por lo que le gusta comer entre horas, el justo come pipas porque es un tipo compulsivo que quiere empezar muchas cosas y acabarlas rápidamente. Sin embargo hay otras personas que comen una pieza de fruta, demostrando su capacidad para el orden y la tranquilidad. También creo, por una especie de disfunción mental que a veces sufro y de la que procuro no hablar salvo de forma indirecta, que los menos sexuales recurren a los chocolates y dulces en general.

Es una clasificación escasa, inconclusa y seguramente errática, pero es de esas cosas que uno piensa cuando hace seis meses que nadie le acaricia la espalda de repente y sin motivo.

1 comentario:

raquel dijo...

Me encanta comer pipas y odio la fruta...